El partidito de confe

España – Italia, confederaciones

Hoy he visto el final de este partido en una terracita de Camagüey después de correr por las calles como si me persiguieran las sombras de la película de Ghost, agarrando a la gente del brazo y suplicándoles que me indicaran dónde podía ver el partido. Llevaba un rato en shock porque en todos los lugares me decían estupideces como «no funciona el mando» ó «la encargada no nos permite ponerlo (en un bar vacío) porque hay problemas».

La tele era pequeña, con bolitas de interferencias analógicas y al final de la segunda parte se fue la señal. Después de dar un puñetazo en la barra y ver que los demás no hacían nada, me enteré de que era normal y de que no era del bar sino de todo el país, que la señal a veces se «tumba». Que sólo se podía esperar. Mi cara era un poema y mi ojos estaban muy abiertos de ira mientras sorbía mi refresco con impotencia.

Pero mereció la pena. El menda que tenía a mi izquierda tenia unos 45 años, hablaba cubano rápido (así llamo yo al cubano cerrado en el que no pronuncian las consonantes y todo es una hilera de canto vocal) e iba por Italia. A mi derecha un señor de unos 80 años, tuerto de un ojo, cachondísimo, sucio de dormir en la calle y con ese cubano de abuelo gracioso, que iba por España.

Ninguno tenía desperdicio. Como dos chavales de 10 años, picándose uno a otro por el partido, diciéndose cosas inmaduras pero graciosísimas. Al final el joven callado e irritado miraba la pantalla mientras el viejo se metía con los italianos dicendo que estaban todos viejos con diversas ironías (cuando les daban calambres, se veían cansados, el viejo portero, etc) y dándome codazos y guiñándome el ojo tuerto para que viera cómo al jóven le salían rayos y centellas de la coronilla y de su silencio.

No pude por menos que inmortalizar el momento grabando en sus caras pero sin que se enteraran y haciéndoles la foto que véis.

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Yo, descojonado. Y con el último penalti, más.

Pensando en la coope

26 junio 2013

Ahorita mismo llevo como 6 horas esperando en un cruce de carretera por donde pasa una guagua que me lleva a la costa norte de Cuba, y me quedan otras tres horas de espera más nosécuántas de viaje. Los días se van así, viajando de esta manera, con el pueblo. Podría viajar en buses turísticos más caros (pero aún baratos) y prefiero meterme en camiones o ir a un cruce como éste, donde el «amarillo» me organiza una salida por pocos pesos nacionales, ó puedo hacer dedo.

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Estoy en un bar -la cooperativa- donde he comido por unos céntimos y me he quedado con su permiso a escribir, para aguantar la espera. Se sienta una señora campesina y me cuenta que es revolucionaria y unas cuantas cosas interesantes que acepta decir frente a mi grabadora, como testimonios, como ntrevistada. Después se sienta un chaval de unos 15 años super estiloso y espabilado y me quiere contar como acaba de conocer a una moza que esta ahí desde que yo llegué tambien, y cómo se la liga y le dice cosillas románticas. Un crack.

La campesina

El muchacho ligón

En las dos conversaciones, los dos hablan bajito, como en secreto, como si alguien pudiera oírles y delatarles, siempre hay esa sensación de desconfianza entre cubanos, es tal vez otro estigma del comunismo.
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Santa Clara decisiva

Pensativo llego a Santa Clara, con todas las notas mentales sobre la revolución de este país, recogidas de testimonios, del museo en la Habana, del ambiente.

Y en esta ciudad, aún más, voy a saborear historia. Santa Clara es la ciudad del Ché Guevara, pues es donde, después de haber sido atribuído con la difícil tarea de tomar esta ciudad, hubo de ingeniárselas para conseguirlo. La ciudad contaba con gran armamento y el apoyo de la aviación, y el ejército ocupaba buenas posiciones estratégicas. El Ché estimaba una larga lucha.

Los rebeldes, escasos (unos 400) controlaban el acceso, pero con poco armamento. Así fue que el Ché decidió intentar tomar un tren blindado que llegaba con refuerzos para el ejército, haciéndolo descarrilar. Con su contenido, pudieron armar bien la tropa y avanzar con éxito en la ciudad. Ya en diciembre de 1958, en los albores del triunfo, el Ché forzó la rendición del coronel Hernández, tomando militarmente Santa Clara. De hecho, este paso fue decisivo en la revolución de Fidel contra el dictador Batista, pues al día siguiente de la toma de Santa Clara, Batista huyó en avión y Fidel proclamó el triunfo.

Así que me dispongo a ver el tren blindado que se salió de unas vías dobladas por los rebeldes. En el camino, encuentro una famosa escultura del Ché, probablemente la mejor, tanto que siento que puedo abrazarle y charlar. La expresión de su cara es una perfecta representación de él y su gesto es triunfante y humilde a la vez. Largos minutos me quedé mirando sus ojos y pensando en el por qué de su exagerada rebeldía natural contra la injusticia.

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Adios Habana

Ya está bien de la Habana, hay mucho que ver en el país… Pero es difícil separarse de un ambiente y un lugar tan único en el mundo.
Cuándo volveré? Volveré?

Cualquier lugar donde miro me da energías para seguir y me provoca un extraño sentimiento de nostalgia sin haberme ido aún.

Un paseo por Habana Vieja no deja indiferente, y suena tal que así.

Miro cómo los adorables cubanos luchan por pintar de azul cielo una escena que llamaría gris e incierta si no fuera por su sentido del humor…

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una paloma cruza ese cielo con esa incertidumbre, sin saber qué camino tomar…

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Una mujer dormida me hace pararme a retratarla por su incomparable aspecto, un hombre trabaja duro con uno de esos coches que nunca mueren, y dos mujeres más con sus habanos me hacen reír frente a la bodeguita del medio.

Otro CDR (comité de defensa de la revolución) se asegura de que no hay desertores…

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Paso por la estación central, donde veo gente muy pobre que viaja en malas condiciones a sus pueblos, y donde mis oídos escuchan los curiosos avisos.

Y me voy a ver la puesta de sol al mismo Morro, un viejo fuerte de defensa marina que protagoniza la escena de La Habana desde el mar.

Otra vez, volveré?

El malecÓn y miradas a la calle

Algún día, después de desayunar con Mercedes y Amando, me iba al malecón, que quedaba ahí en frente.

El malecón es la larga avenida de piedra que da al mar en Centro Habana. No es agradable para que la gente se bañe, pero es lo único que tienen allí. Las playas más cercanas son malas y están lejos…

Se accede con un salto importante al muro y cayendo en una estructura de hormigón muy pinchuda para pisar.

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Yanaisa

Estuve en una casa particular de la Habana, en el barrio de Plaza Revolución, en la que vivían unas chicas muy agradables.

La primera noche me quedé hablando con Yanaisa largas horas. Ella y otra compañera tienen una banda de música y estuvieron una vez por el País Vasco haciendo bolos, fue probablemente su mejor momento.

Hoy pasan por una fase de paro musical triste pero tienen esperanzas. Ojalá pudieran tocar más a menudo e internacionalmente. En Habana tienen un concierto cada tanto pero lo que yo noté es que hay falta de motivación y bloqueo.

Me quedo con tristeza con el recuerdo de la impotencia de Yanaisa para seguir adelante con la música a pesar de la fuerza con la que cree en ella. No tienen posibilidades económicas, y hay falta de patrocinadores. Todos los consejos que yo le daba para promocionarse en internet no eran muy válidos, pues en el país no existe ésta tecnología.

También recuerdo cómo se juntaron todas en el suelo de la otra habitación para que yo pudiera dormir en la habitación y cama grandes. Cuando viene dinero, hay que agarrarlo cueste lo que cueste.

Tenían un tirador del water roto y se las veían putas para pagar uno nuevo. Esas cosas se pagan en CUC y son carísimas, decían.

Yanaisa acabó confesándome que le encantaría actuar en el extranjero ya que en Cuba no estaba funcionando, y que se le ocurría a veces vender la casa por un precio ridículo para poder intentar algo.

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Cuando le decía que se lanzase al extranjero con esos ahorros sin remordimientos y trabajase de cualquier cosa mientras se estabilizaba e intentaba actuar en directo de vez en cuando, me decía que ella quiere estar en Cuba, a pesar de lo difícil que es su país para todo.

Éste lindo sentimiento patriótico era común en todos los cubanos. Muchos problemas, pero se quedan allí a lucharlo, y con orgullo.

Si queréis escuchar a Yanaisa con calidad, os fastidiáis tanto como yo en Cuba con mi grabadora. Allí no hay pilas duracell yankees buenas, sino pilas malas. Mi grabadora tenía 2 minutos de grabación con esas pilas. Lo pase muy mal viendo que mis grabaciones se cortaban, como la que intenté hacer cuando Yanaisa se lanzó a cantar maravillosamente un día en casa.

No obstante, me queda la prueba, de escasos segundos:

EDITO: Y Hurra! Encontré una grabación de teléfono que hice ante la impotencia de ver cómo mi grabadora no aguantaba… Contiene largos minutos de buena charla en su casa y de su voz en acción!

Si alguien esta interesado en ayudar a Yanaisa, que me contacte inmediatamente!

Valladolid

28 de mayo

Por primera vez me encuentro con una ciudad más auténtica e histórica, con su personalidad, fuera del turismo masivo y bastante bonita. Me recibe una catedral importante española, adornada con dos palmeras, y una linda arquitectura que en general me hace acordarme de ciertos pueblos de la patria (de los pocos bonitos que nos quedan).

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