Santa Clara decisiva

Pensativo llego a Santa Clara, con todas las notas mentales sobre la revolución de este país, recogidas de testimonios, del museo en la Habana, del ambiente.

Y en esta ciudad, aún más, voy a saborear historia. Santa Clara es la ciudad del Ché Guevara, pues es donde, después de haber sido atribuído con la difícil tarea de tomar esta ciudad, hubo de ingeniárselas para conseguirlo. La ciudad contaba con gran armamento y el apoyo de la aviación, y el ejército ocupaba buenas posiciones estratégicas. El Ché estimaba una larga lucha.

Los rebeldes, escasos (unos 400) controlaban el acceso, pero con poco armamento. Así fue que el Ché decidió intentar tomar un tren blindado que llegaba con refuerzos para el ejército, haciéndolo descarrilar. Con su contenido, pudieron armar bien la tropa y avanzar con éxito en la ciudad. Ya en diciembre de 1958, en los albores del triunfo, el Ché forzó la rendición del coronel Hernández, tomando militarmente Santa Clara. De hecho, este paso fue decisivo en la revolución de Fidel contra el dictador Batista, pues al día siguiente de la toma de Santa Clara, Batista huyó en avión y Fidel proclamó el triunfo.

Así que me dispongo a ver el tren blindado que se salió de unas vías dobladas por los rebeldes. En el camino, encuentro una famosa escultura del Ché, probablemente la mejor, tanto que siento que puedo abrazarle y charlar. La expresión de su cara es una perfecta representación de él y su gesto es triunfante y humilde a la vez. Largos minutos me quedé mirando sus ojos y pensando en el por qué de su exagerada rebeldía natural contra la injusticia.

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Más adelante encuentro los vagones originales del comboy de armamento, un tanto descolocados, y una suave lluvia tormentosa empieza a amenazar, la cual me hace adentrarme en un vagón y sentarme a experimentar más introspección aún respecto a estos fabulosos hechos históricos.

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El sonido de la lluvia en el techo del vagón me hace viajar mejor en el tiempo. Hasta oigo explosiones tormentosas.

Un monumento a los caídos también se encuentra en la ciudad, donde descansan los restos del Ché, cedidos desde Argentina en el 97. Muchos compañeros suyos de su 8ª columna están allí junto a él, algunos muertos en la batalla, otros hace pocos días, de viejos.

Vuelvo a la ciudad y me pierdo en esa esencia cubana de nuevo. También es parte de la revolución. Unos niños lindos salen de su simple escuela a saludarme con alegría y me sacan de mis pensamientos.

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Por una rendija de la pared, veo una fábrica textil donde muchas mujeres, muy blancas y muy negras, pedalean aplicadas en sus máquinas de coser, una visión que sólo tenía del pasado en documentales o películas. Observo la preciosa paz y alegría incondicional de la gente en las calles.

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Finalmente llego a mi casa particular, donde la familia que me atiende me hace pensar también. Dos inteligentes hijos usan un antiguo computador, donde la información no viene por internet. Se las ingenian para conectarse con antenas wifi con otros amigos y compartir recursos. Como no hay mucha interferencia, la señal viaja kilómetros. Cuentan con dvd’s mensuales que algunos cerebritos hacen y trafican con, por ejemplo, la última versión de wikipedia descargada de internet para consultar.

El padre no ha registrado la casa como para uso de ‘cuentapropista’ (alquiler legal de habitaciones) así que debemos andar con ciudado para que no le pillen. Por las mañanas, se viste elegante de camarero y vende panes con mantequilla a los niños de una escuela próxima. Es encantador y alegre, como su mujer, que nos sirve ricos platos en la mesa donde cenamos todos juntos. Ricos, teniendo en cuenta las circunstancias.

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