Flores desde un árbol

15 agosto

No podía abandonar el entorno de Petén sin visitar Flores, el campamento base para la mayoría de los turistas que visitan Tikal. Yo aún no me podía creer que la gente se quedara tan lejos y pagara tours de amanecer, teniendo el camping que yo utilicé, como opción.

Había que visitar Flores y merece la pena: es muy gracioso. Una isla enana en una esquina más del lago de Petén, más al sur que El Remate. Una pequeña superficie y un escaso diámetro. Una calle principal de un sentido la rodea por el borde, y de ahí para adentro, preciosas calles rurales empedradas y cuestas que van todas a dar a la plaza central, en lo más alto, con un modesto parquecito, una iglesia no tan modesta y una inesperada cancha de baloncesto donde juegan los locales, super bien además. Lo gracioso es que es un lugar un tantito de risa para que estos profesionales jueguen, porque cuando se va la pelota, pues en fin… que es que se va calle abajo, al agua.

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Port Antonio

Después de las montañas me fui a Port Antonio porque no sé quién dijo: Port Antonio.

Allí, descubrí la verdadera esencia de no hacer nada y no sentirte mal por ello, es muy tranquilo y estaba lleno de casas viejas pero de madera íntegramente, con porchecito y balancines como las de las películas. Era sentarse a observar la vida pasar, o ver cómo no pasa nada.

Me quedaba en un hostal de la colina central y no había nadie más… era muy cutre pero muy barato y a mi me encantaba. La madera crujía a cada paso y estaba pintado en rojo y colores vivos, se podía uno sentar y dormir en cualquier lugar, el porche lo mejor. Por las noches veia un poco la tele con los cuidadores y dueños, y observaba cómo ellos doblaban mientras yo intentaba entender el patois televisivo.

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Lo único que hice fue acercarme un día a una playa, y mereció la pena.
LLegué tarde pero disfruté de la puesta de sol y de que sólo había locales y me parecía muy exótica y especial. Había un río emergente del suelo de agua dulce (si, como un cenote) y allí podías refrescarte después del baño salado. La gente se lavaba allí y el río desembocaba lindamente en el mar, en el lugar donde yo coloqué mis cosas para comer un poco de cenar y prepararme para la noche.

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Me dieron las tantas hasta que conseguí sentirme cómodo después de explorar la zona y controlarla, la noche cayó pronto y no me dio tiempo a explorar con antelación y saber lo que me rodeaba. La parte de atrás era desconocida y me sentía observado por alguna razón.

Después de un rato apareció un cuidador algo nervioso que no entendía por qué estaba allí tan tarde, que era peligroso para mí. Al ver que yo no reaccionaba temerariamente sino con dulzura y alegría de encontrarle, se relajó (eso dijo) y luego empezó a hablar de cosas más importantes que el echarme de allí o el pagar una tasa.

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Media hora más tarde yacíamos los dos relajados, en su guarida de cuidador, charlando sobre cosas muy importantes en la vida, como el saber disfrutar de la naturaleza sin miedos y ser capaz de comunicarse con ella, confiar en ella y respetarla todo lo posible. Cosas que los dos compartíamos con fuerza, pues el hacía lo que yo hice esa noche todos los días: observarla, limpiarla, y sentirse cobijado por ella… Se atrevió a decir que los dos éramos especiales por ser capaces de ver ciertas cosas, y quisimos ser amigos por largo tiempo.

Al despedirnos, me pidió dinero. Le dí 100 dólares jamaicanos y no volvimos a vernos.

Los dos hombres de las montañas azules

Escalando las montañas azules me encontré a estos hombres que comentaba en el anterior post.

Veíamos todas las montañas ya bajo nosotros, descansé mientras me comía una caña de azúcar que me obsequiaron, y me columpié mientras los observaba y grababa todo.

Mucha paz allí, soledad, y silencio general. Sólo sus voces y hablar extraño en patois me desconcentraban. No podía entenderles. Al menos no con palabras.

Los preechers

Esa creencia religiosa jamaicana que leíais en un post anterior se ve aquí reflejada en estos dos sonidos;

El primero, la mujer que predica sóla en la calle para los suyos, haciendo su propia labor cristiana.

El segundo, la misa callejera que mencioné, desde la distancia en la montaña. Es una mezcla de la noche en el hostal, donde los protagonistas eran los grillos, los perros lejanos, una música reggae lejana en algún punto del valle y éste señor que se desgarra la voz para llegar a sus oyentes, con muchos Aleluyas también, y con esa sensación de gran Fe que tienen, como si cada vez que dieran una misa estuvieran cambiando el mundo y llegando al Señor, entre lágrimas.

Las frecuencias contínuas y altas, como las de los grillos, pueden verse en la parte alta del espectrograma.

Llegar a Jamaica

Creo que será mejor ir ‘grabando’ o registrando cosas sobre Jamaica para no generar más retraso del que ha causado Cuba. Una puesta al día. Seguiré añadiendo lo que pueda sobre Cuba al mismo tiempo, que es infinito, así que de vez en cuando, a comprobar la categoría ‘Cuba’!

Después de mi última aventura en Cuba, una expedición a caballo por la Sierra Maestra, las famosas montañas históricas de Cuba donde se desplegaron los revolucionarios, llegué a Jamaica y en seguida añoré el calor cubano y de sus gentes, así somos los latinos, hacemos una diferencia bien notable en el contacto social.

En Kingston no me dejarían pasar sin una reserva hecha en algún hostal (esas cosas de inmigración) y de milagro que no me pillaron sin vuelos de salida del país, al estar ya viajando ilegalmente con vuelos de salida falsos para tener más libertad de decisión en el día a día y no tener que pensar cuándo ni cómo… especialmente queriendo salir a vela de la isla.

Sin embargo en Jamaica estoy empezando a dejar flotar de veras mi decisión de no saber dónde voy a caerme muerto la siguiente noche y confiar en los sucesos. Ésto te abre bien los ojos, pues requiere que estés atento a TODAS las señales que puedan acercarse. En la última fase de mi vida había olvidado fijarme en las señales, en los pequeños sucesos del misterio de la vida que pueden cambiar tu día. Solía hacerlo más de niño y adolescente, pero desde que los hombres grises empezaron a robarme mi tiempo, es una práctica que estaba olvidando, concentrado en ahorrarlo y con la vista sólo concentrada en el futuro o el pasado.

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Y entonces… bailé salsa!!!

Junio 2013, Santiago de Cuba

Llegar a Santiago de Cuba con el festival caribeño.

Las calles llenas de músicos, el talento de esa gente no es concebible hasta que se llega a Santiago en el caribeño!

Carnavales por las calles, bares oscuros llenos de gente bailando al son cubano, la salsa, la trova, antiguos instrumentos en las calles, negros deliciosos sonriendo hipnotizados por su propia música, con la mirada perdida.

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