26 junio 2013
Ahorita mismo llevo como 6 horas esperando en un cruce de carretera por donde pasa una guagua que me lleva a la costa norte de Cuba, y me quedan otras tres horas de espera más nosécuántas de viaje. Los días se van así, viajando de esta manera, con el pueblo. Podría viajar en buses turísticos más caros (pero aún baratos) y prefiero meterme en camiones o ir a un cruce como éste, donde el «amarillo» me organiza una salida por pocos pesos nacionales, ó puedo hacer dedo.
Estoy en un bar -la cooperativa- donde he comido por unos céntimos y me he quedado con su permiso a escribir, para aguantar la espera. Se sienta una señora campesina y me cuenta que es revolucionaria y unas cuantas cosas interesantes que acepta decir frente a mi grabadora, como testimonios, como ntrevistada. Después se sienta un chaval de unos 15 años super estiloso y espabilado y me quiere contar como acaba de conocer a una moza que esta ahí desde que yo llegué tambien, y cómo se la liga y le dice cosillas románticas. Un crack.
En las dos conversaciones, los dos hablan bajito, como en secreto, como si alguien pudiera oírles y delatarles, siempre hay esa sensación de desconfianza entre cubanos, es tal vez otro estigma del comunismo.
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