29 marzo 2014 – Manizales (eje)
Llevo bastantes días compartiendo diariamente mi vida con personas que me resultan extremadamente cómodas, agradables y fraternales, en una comunidad muy especial creada bajo unos principios muy originales de convivencia y espiritualidad. Sólo diré que se basan en la Gnosis, en Krishna y en el Chamanismo; es una mezcla sin precedentes, diseñada por ellos mismos para su propio bienestar hace años, y hoy son muchos ya los que viven así, en comunidad, en el sur de Colombia, en una tierra que el fundador (chileno) puso a esta disposición. Las cosas que aprendí con ellos están en alguna parte de mi ser, hoy ya tenues, pues recuerdo esos días como unos de los más humanos y a la vez espirituales del viaje, pero es difícil mantener ese nivel de bienestar entre trayecto y trayecto.
Así quedará en mis entrañas mi experiencia con ellos, hasta que vuelva a verles algún día quizás, si necesito esa bondad y alegría que tienen. No me siento preparado para hablar detalladamente de sus hábitos porque me genera una sensación de falta de respeto hacerlo desde mi ignorancia. Pero también queda en mí la prueba de que cuando la gente se une con buena voluntad para independizarse y vivir de una manera mejor, más humana, más fructuosa, menos globalizada y controlada, y aunque quizás sí, más atípica o excéntrica… siempre salen cosas buenas. No creo que olvide el Hare Krishna con que nos saludábamos cada mañana, con un abrazo o beso, las noches de compartir con música antes de dormir entre velas, o la cura con hortigas que la líder, sabia, me hizo en la espalda.
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