Perdemos la juventud el día que dejamos de ser ácratas; el día que
comenzamos a comprender y a disculpar al sistema.
Perdemos la juventud el día que dejamos de soñar con el paraíso en la
tierra, un paraíso para todos; el día que empezamos a llamar con
desprecio utópicos a los que siguen soñando; el día que se nos
despierta el sentido práctico y entramos en el juego y aceptamos las
reglas.
Perdemos la juventud el día que nos levantamos dispuestos a vendernos
al mejor postor y al mejor impostor; el día que nos doblamos a la
sinrazón de la fuerza y del chantaje.
Perdemos la juventud el día que admitimos que todo y todos tenemos un
precio; el día que estemos dispuestos a vender cualquier cosa, si no
por un plato de lentejas, por unos kilos de papel.`
Perdemos la juventud el día que aceptamos al ganador y no damos un
duro por una causa perdida.
Perdemos la juventud el día que aceptemos que esto es lo que hay, que
siempre ha sido así y que no se puede hacer nada para cambiarlo.
Perdemos la juventud el día que nos miramos a un espejo y no se nos
cae la cara de vergüenza porque hemos perdido la vergüenza.
Perdemos la juventud el día que miramos alrededor y sólo vemos lo que puede verse; el día que alargamos la mano y sólo tocamos lo que puede
tocarse.
Perdemos la juventud el día que el mundo deja definitivamente de ser mágico.
Jesús Quintero (el Loco de la Colina)





