Cambio de rumbo

Bitácora pacífico: día 110
25 Septiembre 2015

El motor se había llenado de agua salada. Los dos tripulantes del Nessum Dorma, el capitán italiano Mario y yo, navegábamos de popa, y la escora del barco y la ola contínua dándonos en la aleta de babor, donde está la salida del tubo de escape, hicieron que entrase agua y que no arrancase. Con la radio SSB, cuya antena baja desde la perilla del mástil hasta popa, y cuyas ondas rebotan entre la ionosfera y la corteza y en teoría permiten comunicarse por medio planeta, pudimos recibir consejo de viejos grumetes que se conectan a la misma hora cada día UTC, como mi último capitán.

Lo arreglamos tapando el escape y haciendo dos cambios de aceite completos, girando los pistones a mano y con paciencia. Pero seguía dando problemas. Antes de que el capitán me lo dijera, lo sabía, lo ví en su cara. El pase para entrar a Wallis, donde acordamos me dejaría, es peligroso y estrecho, hacen falta nudos de motor y entrar con el motor a medias es un suicidio. Los vientos nos sacaron al norte porque en nuestra ruta se quedó calma chicha. Pasábamos cerca de las Samoas, y me dejaría en Samoa occidental.

Me indigné al principio porque tenía apego a la idea de Wallis: es francés (casa, fácil) y quería conocer una isla enana, casi sin turismo, rara, pacífica, segura y auténtica, donde poder acampar en cualquier lugar al llegar. De Samoa sabía 0, quizás me pedirían vuelos de salida en inmigración, era grande, quizás insegura, se complicaban las cosas. Hoy por hoy estoy feliz aquí y me doy en la frente por haber vuelto a desconfiar del destino.

Una vez acordado esto con Mario nos relajamos porque solo faltaba esperar. Sin viento, la llegada se prolongaba más. Pero mantuvimos la calma. Mario leía contínuamente, siempre en italiano. Se devoraba los libros en su sitio preferido del camarote. Fumaba sin parar, de liar. De lo mejor de Mario era que lo primero en la mañana hacía un café con la cafeterita italiana que llenaba el barco de aroma, y le gustaba como a mí, con leche y sin azúcar. Me pasaba mi taza y yo empezaba cada mañana con unos estiramientos en cubierta.

Pescamos un par de veces, una de ellas, una dorada (mahi mahi en polinesia) preciosa que me costó ver morir. Mario supo sacar varias comidas de ella, entre ellas un simple pero sabroso sashimi.

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Teníamos paz y el capi estaba de buen humor. Yo las puestas de sol las pasaba íntegras en proa viendo como el sol se iba en nuestro mismo rumbo W. Como teníamos casi 0 viento, teníamos la génova abierta pero floja y flameando con el mastileo del oleaje remanente, y aún así hacíamos un nudo de velocidad.

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Con esta lentitud podía tirarme al agua y nadar en medio del pacífico con 5000 metros debajo de agua azul intenso y millones de seres marinos. Uno de los últimos días Mario me dejó cumplir mi deseo. Hasta me pasó su máscara y me puse a observar los rayos de sol bajando a las profundidades y perdiéndose. No ví ni una compañía. Buscaba delfines y ballenas pero no hubo suerte. Me enganché a la escalera y me dejé llevar por el barco, suavemente, viendo su casco ante mí. Un nudo parece poco pero era como estar enganchado a una motora.

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Me animé a nadar adelantando al barco y agarrándome del borde de proa, me costaba. De ahí, me sumergía profundo dejando pasar el barco sobre mí y resurgiendo en popa para engancharme de nuevo. Increíble la vista del barco negro pasando por encima y todo lo demás azul. Pero una vez Mario me pilló y dijo que se acabó la bobada, que en una de esas se me escapa el barco y adiós.

Y la verdad es que tenía razón.

* * *

Lo pasamos bien al llegar a Samoa, buenas birras y una buena cena. Se fue en seguida y yo me quedé en manos de un ayudante que le hacía de taxista en sus compras para la reparación final del motor. Se iba directo a Papúa. Cometí el error de no intercambiar un email con él. En aquel momento pensé que no lo querría pues el orgullo mandaba a través de nuestras diferencias. Pero hoy no veo el momento de saber de él y de darle una abrazo. Nunca nos lo dimos, solo las manos.

3 comentarios en “Cambio de rumbo

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