Port Antonio

Después de las montañas me fui a Port Antonio porque no sé quién dijo: Port Antonio.

Allí, descubrí la verdadera esencia de no hacer nada y no sentirte mal por ello, es muy tranquilo y estaba lleno de casas viejas pero de madera íntegramente, con porchecito y balancines como las de las películas. Era sentarse a observar la vida pasar, o ver cómo no pasa nada.

Me quedaba en un hostal de la colina central y no había nadie más… era muy cutre pero muy barato y a mi me encantaba. La madera crujía a cada paso y estaba pintado en rojo y colores vivos, se podía uno sentar y dormir en cualquier lugar, el porche lo mejor. Por las noches veia un poco la tele con los cuidadores y dueños, y observaba cómo ellos doblaban mientras yo intentaba entender el patois televisivo.

1-IMG_7483

Lo único que hice fue acercarme un día a una playa, y mereció la pena.
LLegué tarde pero disfruté de la puesta de sol y de que sólo había locales y me parecía muy exótica y especial. Había un río emergente del suelo de agua dulce (si, como un cenote) y allí podías refrescarte después del baño salado. La gente se lavaba allí y el río desembocaba lindamente en el mar, en el lugar donde yo coloqué mis cosas para comer un poco de cenar y prepararme para la noche.

2-IMG_7490

3-IMG_7494

4-IMG_7496

Me dieron las tantas hasta que conseguí sentirme cómodo después de explorar la zona y controlarla, la noche cayó pronto y no me dio tiempo a explorar con antelación y saber lo que me rodeaba. La parte de atrás era desconocida y me sentía observado por alguna razón.

Después de un rato apareció un cuidador algo nervioso que no entendía por qué estaba allí tan tarde, que era peligroso para mí. Al ver que yo no reaccionaba temerariamente sino con dulzura y alegría de encontrarle, se relajó (eso dijo) y luego empezó a hablar de cosas más importantes que el echarme de allí o el pagar una tasa.

5-IMG_7504

6-IMG_7512

Media hora más tarde yacíamos los dos relajados, en su guarida de cuidador, charlando sobre cosas muy importantes en la vida, como el saber disfrutar de la naturaleza sin miedos y ser capaz de comunicarse con ella, confiar en ella y respetarla todo lo posible. Cosas que los dos compartíamos con fuerza, pues el hacía lo que yo hice esa noche todos los días: observarla, limpiarla, y sentirse cobijado por ella… Se atrevió a decir que los dos éramos especiales por ser capaces de ver ciertas cosas, y quisimos ser amigos por largo tiempo.

Al despedirnos, me pidió dinero. Le dí 100 dólares jamaicanos y no volvimos a vernos.

El ascenso 2

Por la mañana me desperté algo más tarde porque menuda noche me dieron los chavales y la gente que ascendía la montaña para el amanecer, llegados en coches. No vale!

Todavía me quedaron ganas de pasar un rato con los muchachos del equipo de fútbol a pesar de las que me habían liado de noche.

1-IMG_73621-IMG_73601-IMG_7353

Cuando me puse en marcha tenía mucha fuerza después de un buen desayuno continental con brickito de leche y todo. El ascenso desde Portland Gap es ya muy denso y con una vegetación especial, adaptada al clima y a la humedad, que es única del parque. La luz mañanera hacía muchas escenitas interesantes con tanto verde.

Sigue leyendo

Adios Habana

Ya está bien de la Habana, hay mucho que ver en el país… Pero es difícil separarse de un ambiente y un lugar tan único en el mundo.
Cuándo volveré? Volveré?

Cualquier lugar donde miro me da energías para seguir y me provoca un extraño sentimiento de nostalgia sin haberme ido aún.

Un paseo por Habana Vieja no deja indiferente, y suena tal que así.

Miro cómo los adorables cubanos luchan por pintar de azul cielo una escena que llamaría gris e incierta si no fuera por su sentido del humor…

2-IMG_6408

una paloma cruza ese cielo con esa incertidumbre, sin saber qué camino tomar…

6-IMG_6517

Una mujer dormida me hace pararme a retratarla por su incomparable aspecto, un hombre trabaja duro con uno de esos coches que nunca mueren, y dos mujeres más con sus habanos me hacen reír frente a la bodeguita del medio.

Otro CDR (comité de defensa de la revolución) se asegura de que no hay desertores…

4-IMG_6436

Paso por la estación central, donde veo gente muy pobre que viaja en malas condiciones a sus pueblos, y donde mis oídos escuchan los curiosos avisos.

Y me voy a ver la puesta de sol al mismo Morro, un viejo fuerte de defensa marina que protagoniza la escena de La Habana desde el mar.

Otra vez, volveré?

La Colosio

La Colosio es mi barrio en Playa.

Está al norte caminando desde el centro, y es la parte pobre del desarrollo descontrolado que ocurre en este tipo de sitios que pasan de un pueblo pequeño a un centro turístico clave en el país. Los centros comerciales, restaurantes y hoteles quieren llenar el centro y los verdaderos residentes han de buscarse un lugar a las afueras.

Lo cierto es que es el barrio más pobre de Playa, pero para mí el mejor sitio. Tengo la playa cerca y no esa playa del centro llena de hamacas y clubs y hoteles con playa reservada, no. La playa de verdad, libre y llena de mejicanos con sus familias, en la que si te pones a andar te quedas sólo en un ratito. Ahí.

Sigue leyendo