Los mejores campañazos/hamacazos de NZ

Reconozco que los mejores momentos de yomelargo son aquellos en los que la independencia que ya he mencionado muchas veces, que se traduce en una brillante especie de libertad, surge en plena naturaleza cuando uno sabe que no le pueden encontrar y que tiene las dos reducidas y únicas cosas básicas que necesita:
refugio y comida.

Son momentos de convertir un lugar completamente virgen en mi casa de una -o varias- noches, colocando y colgando mis escasas cositas aquí y allá, como quien decora su casa, seleccionando un lugar como baño, otro como cocina donde encuentro un asientito donde estar cómodo mientras corto cebolla o remuevo un arroz.

Todo se tiene en cuenta, lados de barlovento o sotavento, orientación de la tienda, sombra y recorrido del sol, distancias a sociedad, ángulos de visión ajenos hacia un posible, y probablemente prohibido, fueguito nocturno.

Desde que aprendí hace años en sudamérica que puedo cocinarme rudimentariamente cosas con una lata de coca-cola y alcohol, he ganado más calidad de vida en los bosques. Mi mochila lleva una compra pesada de ingredientes que vale la pena transportar: sentarse a comer algo mundano en lo inmundo de lo salvaje es de los mejores momentos que un explorador puede sentir. Como el café o el té caliente cuando uno lo decide.

Nueva Zelanda fue fácil para estos menesteres. Países donde es caro dormir y comer, multiplican el escapismo a la independencia. Pero además Nueva Zelanda es bella y facilitaba mi placer, pueblos pequeños y buenos supermercados con muchas cosas de muy buena calidad donde reponer y autostop de lujo: única dependencia. La echo de menos!

Presento una lista con los mejores de los famosos campañazos y hamacazos de yomelargo, todos de Nueva Zelanda.

* * *

Abel Tasman track
1-P1120699

Forgotten world highway
1-P1120764

Nelson lakes
Amanecer

Un río sonoro cerca de Nelson lakes
1-P1120875

Tras la Golden Bay
1-P1120880
1-P1120882

Kaikoura
1-P1130104

Con los estadounidenses en una playa de Westport
1-P1130172 Sigue leyendo

Beekeeping

08 Diciembre 2015

De la familia de la granja de Kaikoura, de la que me voy despidiendo con pena, por ser todos perfectos incluyendo a la perrita, con la que me despertaba por las mañanas aullando los dos en la cama como locos, saqué el contacto de un veterano ‘beekeeper’.

Adios a Liane, Rick y Jimmy. Maestros.

Adios a Liane, Rick y Jimmy. Maestros.

Y es que otra de las intensas experiencias cognitivas que pueden desprenderse del mundillo del wwoofing es la de la apicultura. Este hombre, uno de los grandes apicultores de la isla sur, se dedica a producir miel de manuka, esa flor diminuta blanca autóctona que pobla con su arbusto/árbol gran parte de Nueva Zelanda. Su sabor y sus propiedades la han hecho famosa en todo el mundo. Hay una variedad, kanuka, que se aplica directamente en heridas y las cierra que da gusto. Ambas son hiper caras.

Acordamos que ayudaría a este hombre -no recuerdo el nombre, y me jode mucho- en su labor un día de Diciembre, y a cambio, él contestaría mis muchas pero bien administradas preguntas y me enseñaría los pormayores de su profesión.

La denominación la da un control si la miel tiene un elevadísimo porcentaje de manuka -nunca sabemos dónde van nuestras abejas, se mueven en un radio de pocos kilómetros y pueden pasearse por otras flores- y hasta hace unos años la producía orgánica. Desgraciadamente, hubo una plaga hace poco y han tenido que recurrir a unos repelentes químicos en todo el país, lo que le quita esa maravillosa cualidad. Pero la miel está igual de exquisita.

Es primavera y hay trabajo. Nos movemos durante horas por valles cerrados y privados con los que Jansel, llamémosle, tiene permiso de colmena. Evidentemente, son zonas donde reina la manuka. Las colmenas están separadas por distancias calculadas y paramos largo rato en aquellas que necesitan cambio de cajones. Cada colmena es una serie de cajas apiladas verticalmente, y hay muchas en cada lugar. Las cajas tienen unos marcos extraíbles dentro donde por ambos lados las abejas forman su perfecta estructura de cera y almacenan la miel, entre otras cosas.

1-P1130116

1-P1130124 Sigue leyendo

Hoy, por ejemplo

28 Noviembre 2015

Hoy, por ejemplo, en la granja de Kaikoura donde estoy de wwoofer, han nacido dos cabritos y la madre me vigila y me mira raro. Se suman dos a una familia en la que cada cabra, como cada animal, tiene nombre y personalidad: la granjera es una tía con humor. A veces tenemos que ir a buscarlas porque se meten en el camino, sobre todo Jimmy el muchacho, con el que, hoy también, he ido a cazar conejos con arco y flecha, sin éxito.


1-P1130037

* * *

01 Diciembre 2015

Hoy, por ejemplo, es mi día libre de la semana en la granja y he ido en bici a dar la vuelta a la famosa península de Kaikoura, donde he podido probar langosta (kaikoura, en Maorí, significa comer langosta, está lleno), ver paisajes locales exquisitos y extrañas playas y algas, y ver increíbles colonias de aves y focas a sus anchas.

1-P1120993

* * *

05 Diciembre 2015

Hoy, por ejemplo, en la granja, han nacido dos pollitos de una gallina que no empollaba mucho y nos ha sorprendido. Los hemos puesto puesto a parte con ella para que tengan su espacio con cariño.

1-P1130053

* * *

Hoy, por ejemplo, me iba de la granja. Pero se van todos a un concierto en Christchurch y me quedo el fin de semana solo, así que me he ido a despedirme del lugar por todo lo alto, en un refugio de las montañas que vemos desde ‘casa’, viendo la península pequeñita en la distancia iluminada por una retorcida puesta de sol que desbanalizaba completamente no solo aquel día sino mi existencia.

1-P1130077

La ruta Angelus

23 Noviembre 2015

Una de las expediciones más bonitas que recuerdo en Zelandia, y quizás menos conocidas y más recomendables, es la que circula junto a los lagos Nelson y asciende hasta un lago helador y nevado llamado Angelus, en las nubes de una preciosa cordillera llena de refugios y posibilidades para el montañista.

A orillas del lago Nelson pasé mi primera tarde planeando el ascenso. Me regaló una pasada de puesta de sol, cerrada por las nubes pero pacífica y húmeda. Encontré un pequeño escondrijo entre arbustos donde cabía mi tienda sin ser vista desde los muelles, pues estaba cabezón con tener esa maravilla de visión desde mi mosquitero al despertar, sumando otro ‘campañazo’ a la lista. Sí, había un camping, pero estaba lejos de la orilla, había que pagar, y estaría rodeado de otros turistitas.

En las mañanas de los lagos, sólo unos minutos en el alba, pasaban rápidos unos pájaros pequeños cuyo sonido me alegraba el despertar. Y quise recordarlo mucho tiempo.

Puesta de sol

Puesta de sol


Anda, ponte los cascos

Amanecer

Amanecer

Sigue leyendo

La nube, el agua

Nueva Zelanda
17 Noviembre 2015

Yo caminaba por la costa, entre playas preciosas y frías, entre un follaje desconocido, que me sorprendía perteneciese a aquellas bajas latitudes de la isla sur de Nueva Zelanda, pues era tan maravilloso como cualquiera visto en las tropicales islas del pacífico.

1-P1120731

Había leído de nuevo Siddharta con nuevas revelaciones. La cabeza piensa en cosas incluso al caminar, caminar es un trabajo mental. A veces te das cuenta, como al meditar, de que llevas un rato pensando en alguna idiotez mirando el suelo y no estás viendo los árboles y las extrañas aves que se cruzan en el camino. Y pones tu atención de nuevo en el presente, en la respiración, en las aves. Cada vez que cruzaba un riachuelo, lo cual es casi contínuo, me quedaba parado cinco minutos con los ojos cerrados escuchando el murmullo, el cauce, como Siddharta, hasta que entonaba un Om que superponía el tono real y pensaba que la voz imparable de la vida, del agua, era aquel río con todo lo bueno y lo malo, que es un todo único que debemos ver unido.

Después caminaba de nuevo muy conectado y en el presente. Y mi atención se mantenía en la vida, en el entorno, en el sonido, en las aves y en al agua. Una meditación de caminar.

Mi mochila estaba pesada por la comida que metí en ella, para unos cinco días. Caminaba la ruta de Abel Tasman y sudaba cansado. Me tumbé bocarriba en una playa pequeña pero tan bonita como para quedarme a dormir.

Había una nube en el cielo, muy gaseosa, muy impermanente, y supe desde el primer instante que iba a desaparecer. En aquel momento estaba meditando sobre la magnificencia del agua. A menudo asocio el agua con Dios. El agua parece ser Dios. Está en todas partes, omnipresente, en diferentes estados, no conoce el tiempo, es la misma agua siempre, constante, en el río, en el mar, como un cuerpo absoluto, la sangre del planeta. Preciosa, vital, el 70% de nuestro cuerpo y del planeta. Cristalina, calmadora de sedes y calores, bálsamo de buceo y vida, vital, divina.

La nube desapareció finalmente, y una vez más entendí que no desaparecía, solo seguía su camino, mudando, y transformándose, ahora invisible e imperceptible, luego densa y pesada, mañana hielo.

Dios estaba en ella, en ellas, en su belleza y en su inteligencia. Dios era ella y su impermanencia.

¿No es acaso lo mismo que nos ocurre a nosotros cuando morimos?

¿No mudamos de forma y, en lugar de desaparecer totalmente del planeta, a lo que nuestro ego huye atemorizado, no es que nos transformamos en algo diferente, no es que seguimos nuestro camino, no es que mudamos?

¿No es que nos evaporamos como nubes, o nos transformamos en árboles desde la tierra por sus raíces, ahora líquidos, luego sólidos, mañana fuego?

* * *

Aquella noche llovió sobre mi tienda de campaña

Motueka y Siddharta

Motueka
13 Noviembre 2015

Poniendo carteles en las marinas de Wellington para encontrar velero a Australia, encontré un mensaje que ofrecía 500 dólares por llevar un barco hasta Picton en la isla sur. Cuando quedé con el dueño todo ilusionado ví que era un muchacho homeless, sin casa ni familia que vivía en su barquito, encantador, pero muy lejos de estar en condiciones para cruzar el temerario estrecho de Cook, aunque hice mis investigaciones. Rechacé el trabajo con pena por él, porque se ilusionó, pero ni podía coger su dinero ni podíamos hacer la locura de enfrentarnos a los vientacos de Wellington ni para salir del muelle. Pasé una noche en el defectuoso barquito con él, sus dos perros y un desastre de cabina que madre mía. Cenamos los restos del supermercado, que antes de cerrar, los regalan o ponen a un dólar.

Sé que hice lo correcto y llegué así a Picton en ferry, en plenos fiordos del norte, y tras una noche en un parque me fui a Motueka porque me aceptó una mujer madurita en su casa como couchsurfer aunque he sido más un wwoofer ayudándola con la casa y con las tareas exteriores, y rehabilitando una caravana antigua que quería rehabilitar para su hija.

Liz, que a pesar de su edad en seguida mostró conexión conmigo y con una pareja de americanos que me llevó a dedo desde Nelson, donde los conocí poniendo mensajes en la marina, era una mujer divertida que vivía en una cabaña en un verdadero mirador. Cuando ví la casa y me enseñó mi habitación casi me da un yuyu.

Frontal

Frontal

Vistas desde mi cuarto

Vistas desde mi cuarto

Fue así como conocí otra opción para vivir en estos países tan benditos. Liz tenía que irse a un funeral a Auckland durante 4 o 5 días, y la primera noche me ofreció hacerle el house-sitting. Sigue leyendo

El caprice que dio la vuelta

Nueva Zelanda,
Noviembre 2015

Dependiendo de la prisa o de la hora del día, sobre todo del humor, la actitud de los coches que no se paran cuando uno hace autostop es más o menos trascendente.

Es común aquí ver gente comprometida, condolida con al autoestopista, haciendo toda clase de gestos para justificar su falta de apoyo o para no sentir mal de conciencia. Otros, con indiferencia, no se inmutan. Los peores son los que dicen con el dedo ‘No, no, no’, como quejándose, como que ni hablar, como que no les gusta eso, como que ni locos levantan a un hippie o a un tipo que bien pudiera clavarle a uno, mientras conduce, un machete a través del cuello. Esa leyenda ha estropeado el autoestopismo en el planeta, incluída Australia, aunque hay varias historias reales en los últimos años.

Los hay con caras majas y con caras de basura seca. Pero si empieza el día o las cosas te están yendo bien, todos son buena gente y se les perdona el tema. Aunque, si el día aprieta y se lleva mucho en un sitio o las cosas están jodidas -por ejemplo, lluvia- ahí yo sé exactamente a qué niveles está mi humor y mi paciencia, según la despotricada que me sale en voz alta después de cada coche que no se para. Sigue leyendo