Días 91-93

Día 91 de la bitácora pacífico
06 Septiembre 2015

A bordo de un barco nuevo, con Mario, capitán solitario italiano y rumbo a Raiatea. Necesitaba salir de Tahití y me fui con el primero que pude; me pregunto si no habré cometido un error moviéndome a Raiatea, isla cercana que quería conocer, perdiendo el intenso tráfico de Tahití.

Pero tales errores no existen, no? Este es mi camino.
Si no, no estaría aquí.

Tampoco me paga y creo que pasaré hambre. Va a Wallis y Futuna, cerca de American Samoa y Fiji. Pero son islotes perdidos, una locura por poder quedarme allí atascado, aunque interesantísimos porque no tienen turismo y son ejemplos únicos de la vida en el pacífico.

Todos los capitanes tienen ese aquel.
Pero Mario y el barco no están mal. Me motiva la historia de barco a dos manos entre capitán experimentado y tripulante aprendiz.

* * *

Ha vuelto el Principito. Siempre que no tengo otro libro recurro a él, mi mini-versión de 5 centímetros. Me hace pensar. La luna está fuerte. En estos momentos de dudas y rumbos inesperados me pregunto dónde está mi destino. Quisiera volver a la jungla de Brasil. Es en la jungla que quiero enseñar a mis hijos a ‘ver con el corazón’ y no con los ojos: -Lo esencial es invisible a los ojos-, dice el zorro del Principito. Quizás yo pasé demasiado tiempo en el lado de los ojos y estoy casi sin vuelta atrás, no consigo arriesgarlo todo, entregarme totalmente, tirarme al vacío.
‘Soltar todo lo que no es la vida’, como Thoreau, ver hasta dónde puedo llegar. Estoy como atado a la vida ciega, y es confiando en el instinto o intuición que uno elige el verdadero camino y sabe que todo va a estar bien. Incluso en Raiatea!?

Y no me lo creo del todo, no puedo lanzarme, la parte racional no-instintiva, la cabezona, la mente, no te deja hacer ‘locuras’. Como dejar o entregar todo lo que no es la vida misma. Aquel sueño repetido de tirarme de cabeza y corriendo al vacío negro, por el hueco de la escalera de Semoleres o la bañera del cuarto de baño, es como una señal para hacerlo. Me tengo que tirar y confiar en que siempre resplandecerá algo en el silencio del desierto: la belleza que sé ver. Es todo lo que necesito, con eso no falta nada. ¿Por qué no soy más valiente?

Huye y haz que tus hijos vean con el corazón desde el principio. Ése es el legado paternal, y gran parte del cambio necesario en nuestra evolución. El principio del cambio. ¿Es yomelargo el principio?

* * *

Día 93

Raiatea me regala durante unos días otras escenas pacíficas espectaculares, mientras Mario consigue algún material, antes de desembarcarme definitivamente.

Se nos rompió el teleflex al llegar y nos quedamos sin control de motor, con lo que tuvimos que tirar el ancla fuera de puerto y un poco expuestos. Lo estuvimos arreglando el primer día pero el tema nos duró lo suficiente como para ver imágenes de piragüistas locales, que siempre están con sus canoas polinesias (tienen un flotador lateral para estabilidad) haciendo ejercicio, cercanos al anillo y sus olas rompiendo. Body-surfers utilizan esas olas para surfear también. Otros barcos aprovechan vientos contundentes de atardecer para practicar viradas y trasluchadas.

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En excursiones al interior ví una flor blanca endémica de Raiatea en un valle jungloso donde pude bañarme en un arroyo limpio y sentarme una hora a escuchar. Buena gente. Un día un hombre francés que me iba a llevar unos kilómetros en su landrover acabó dándome un tour completo a la isla entre conversaciones excitadas y existenciales en un francés pobre pero suficiente. Llovía unos minutos, volvía a salir el sol y todo era verde y fresco.

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Los polinesios se mueven dentro del anillo de sus islas en embarcaciones pequeñas, muchas sin motor, y todos tienen junto a su casa, a orillas del agua o sobre ella, un ‘garaje’ donde elevarla y sacarla del agua con una rueda grande y poleas.

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He acabado los días casi siempre en el oeste, donde con visibilidad, puede verse Bora Bora anaranjada por la puesta de sol, entre otros espectáculos y cosas que tiene el pacífico.

1 comentario en “Días 91-93

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