Lila

Lila es un juego divino que los antiguos indios creen que somos.
Yo he tenido este pensamiento por deformación profesional.

Cada animal creado, ¿podría ser un objeto o una clase de un lenguaje de programación? ¿Está tan depurado este código que no tiene errores, o no los vemos? ¿Alguna vez han tenido una visión cortada de la realidad, como un error en un videojuego? ¿Son los dejavús pequeños ‘bugs’ en nuestro programa? ¿Cómo se programa el fuego? ¿Y el agua?

Muchas veces me he imaginado a un creador con un ratón en la mano y clicando entre elementos así:

Número de patas:
Peludo
Mamífero

A los ojos de un programador como yo, hasta las realidades más complejas podrían ser implementadas por un Programador super-inteligente. Yo no programo videojuegos, pero que se lo digan a uno que sí.

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Es realmente cruel pensar en las formas de vida que viven sólo unos minutos y después mueren como parte de esta creación, sin más trascendencia o significado aparente. Pero solo si los vemos como una entidad separada de todo lo demás, una forma frágil que tiene su aniquilación, egotista.

Si pensamos en el Todo, en nuestro gran Videojuego, en el programa informático global, en la creación total, no es cruel. No? Es una forma, parte de la esencia, del todo, un thread de ejecución en la pirámide, un puñado de líneas de código pero completamente necesarias para que el programa general funcione, o no pete.

if (!alegria) then {…}

(o de no es el qué sino el cómo)

Si no hay alegría en lo que estás haciendo en este momento, probablemente el tiempo te está desconectando del Ahora. PAM.

Pero el problema no está en lo que haces, sino en el cómo. El cómo siempre es más clave. Poniendo mas atención en el cómo o en el proceso, que en el qué o el resultado, nos zambullimos en el presente y todo empieza a fluir más fácilmente, pues hay una evidente falta de resistencia asociada. El esfuerzo disminuye y hay un rollo cachondo en lo que hago. Es como aquello de concentrarse sólo en el siguiente paso de un ascenso sin levantar la mirada para ver la cumbre de la montaña. Cada acción (y cada paso) llevan calidad, buen rollete. El qué, el fruto, el resultado, llegará solo, con nuestro desapego a ellos, al futuro, a la realización, al fracaso o al éxito. En esta situación ya estoy bien, ya he triunfado, ya no necesito «llegar a ser» algo diferente de lo que soy Ahora.

Satori

Satori es una palabra japonesa. Son breves momentos de comprensión, de no_mente, de presencia total, que me llegan observando la naturaleza, puestas de sol, la belleza que persigo en yomelargo. Estrellas, quebradas, luz, pájaros, etc. Momentos de dejar el peso de la mochila, de los problemas, de pasado y futuro, momentos de conocimiento.

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Ciclos culturales

El dominio de la mente sobre nuestra civilización actual puede verse reflejado en nuestras propias actuaciones contemporáneas, creaciones en casos horrendas, perdón por el pesimismo. Los creadores no se liberan de sus mentes, por ende no ven la belleza ni experimentan la creatividad desde su quietud y paz interior. Arte, ciudades, industria, urbanismo. Quizás por ver apogeos culturales americanos encuentro nuestra civilización como la más fea. Volviendo a los ciclos, pareciera que nuestra capacidad creativa o nuestros satoris de comprensión subiesen y bajasen sobre los siglos, con momentos de iluminación como el renacimiento y otros de ceguera como las guerras y holocaustos. ¿Estaremos cogiendo carrerilla para un satori? Estemos. Abramos los ojos.

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Atascados

En este momento de enrollamiento con la mente no podemos decidir que volvemos atrás, para volver a ser como los gatos o plantas no-pensantes y felices; eso no vale.

Hemos de seguir hacia adelante, y eso supone avanzar al siguiente nivel, librarnos del bloqueo con nuestro propio esfuerzo, utilizar nuestra herramienta mental de la manera correcta, despertar. Y esto creo que está empezando a pasar porque simplemente, estoy escribiendo ésto, ahora.

La compasión

La compasión

Creo que en el viaje de yomelargo entendí, y nunca lo había entendido antes, el significado de la palabra compasión.

Quizás a través del Ahora pude estar más despierto, y esa consciencia, que trae bienestar, hace automáticamente buscar el bienestar de los demás. Cuando se tiene se da, cuando uno recibe uno da. Es un cliché, pero muy real. No importa cómo se tiene o cómo se ha recibido, no tiene por qué ser de los demás, también puede tenerse generando dentro. Pero cuando se tiene, se quiere que los demás tengan, y despierto, uno empieza a estar más atento ó consciente de las caras de los demás, de los sufrimientos de los demás, sus realidades.

En lo más profundo de estas realidades, está la luz invariable de esas personas, idéntica a la propia. Esta infinita similitud entre los demás y uno, esta igualdad, más allá de que ellos la conozcan o no, o de que sean conscientes o miserables, es de hecho la compasión. De repente, un vínculo profundo entre ellos y yo existe, y aunque suene egotista, veo a los demás como desde otra dimensión pero en el sentido de ‘bueno, ahí están, ahí los han puesto, lo hacen lo mejor que pueden, pobrecicos’ (como yo).

En el viaje, obviamente me he encontrado con gente asquerosa, literalmente y hablando sin compasión. Gente de mearles encima. Gente que no merece nada, que contesta mal incondicionalmente, maleducados, groseras, o llanamente hijos de puta. También gente pobre, pero pobre espiritualmente, muy lejos de sí mismas y con pocas probabilidades de encontrarse. Y, mirándolos con los ojos correctos, o compasivos, ¿qué culpa tienen ellos de nada?

Digo como yo porque compartimos la naturaleza física y mortal finita, y estamos sujetos a un destino y a una muerte de la forma, todos, juntos. Nuestros nombres, formas e ilusiones desaparecerán como lágrimas en la lluvia. Esto me crea compasión y humildad, y acaba con ese ego.

Y como yo, porque quiero creer que también estamos sujetos, como hermanos, a la dimensión espiritual que estoy intentando alcanzar, a una condición inmortal pero también impuesta, que espero nos una indefinidamente y que dé un sentido de un puta vez a todo este tinglao en el que vivimos. Uno puede alienarse en el sufrimiento ajeno para experimentar la compasión, pero también puede tener compasión por nuestra parte eterna, si es que existe, sin necesidad de Dioses. No sé.

La impermanencia de los ciclos

En lo relativo a las formas, hay nacimiento y muerte, creación y destrucción. Nuestros cuerpos físicos, árboles, plantas, naciones, civilizaciones, galaxias.

Lo mismo pasa en nuestros inevitables ciclos de pérdidas y ganancias. Hay ciclos de éxito, cuando las cosas parecen llegar a nosotros y funcionar. Hay ciclos de fracaso, cuando desaparecen nuestros bienes, seres queridos o lo que simplemente llamamos suerte. En este viaje, aunque quizás sólo sean percepciones optimistas del camino creadas por situaciones inolvidables o momentos pletóricos, encuentro mis ciclos altos, el seno creciente de la gráfica de mi presente. Pero sin embargo, existen momentos, creados por pequeñas enfermedades o inseguridades, planes rotos, bajadas de energía, incluso falta de motivación para escribir, en que mis ciclos también tocan fondo y los senos son negativos.

En estos momentos, dependiendo de mi estado de consciencia, me enfado, rebufo y los días son miserables. Yo mismo soy inconsciente de mi poder para cambiarlo, y una simple imposibilidad física o debilidad emocional me hacen perder el norte de yomelargo. Sin embargo, aunque tarde, acabo por descubrir que estas fases deben dejarse ir, simplemente para dejar espacio a que surjan cosas nuevas. Si me resisto en este punto, rehuso seguir el ciclo de la vida, y sufro.

La conclusión es que no es cierto que el ciclo ascendente sea bueno y el descendente malo excepto en nuestra mente. En la identificación con la mente, me resisto al Ahora negativo y creo un sufrimiento proporcional. Creo un dolor de resistencia inconsciente a lo que ES al dejar a mi mente juzgar mi ciclo negativo -ne-ga-ti-vo- y crear toda la negatividad asociada. Este dolor sobrevive con mi resistencia, y no puedo realmente luchar contra él porque crearía más conflicto interior.

La salida es observarlo y aceptarlo con una sonrisa, aunque sea forzadita -fuera de coña- en la boca. Es bueno reconocer este dolor y aceptar que está ahí sin pensar en él, sin juzgarlo, observando lo que pasa en mi interior, y siendo consciente de que lo observo. Así entiendo que esta fase es impermanente y tiene un fin, pues nada puede crecer por siempre. La gráfica no puede siempre subir, el seno(x) medianamente estable es la realidad obvia en los ciclos de la vida. Dicho de otra forma, la subida no puede existir sin la bajada. La bajada es esencial, vital para la siguiente subida, así que acepto esta bajada con su negatividad como parte intrínseca de mi Ser. A veces me doy cuenta demasiado tarde y ya he sufrido de más, pero aprecio mucho darme cuenta. Saber que va a pasar y observarlo como quien observa a su pareja pesimista cuando está de mal humor con una sonrisa y le hace reír, aceptándola y sabiendo que es parte de la vida.

Son caras de una misma moneda de acero, el éxito está detrás del fracaso y viceversa. Tarde o temprano vamos a fracasar FIJO. Así que esperemos el fracaso con los brazos abiertos, sabiendo que cada éxito eventualmente se convierte en nada, según las leyes de impermanencia. La no resistencia sería el estado de gracia contínuo, con el que soñamos, en el que no dependemos de que las cosas sean buenas o malas: simplemente llegan y se gozan, MIENTRAS DUREN. Tal vez se irán, pero cuando no hay dependencia, no hay temor a la pérdida -muerte-, todo fluye con suavidad.

Volvendo a la impermanencia, y al apego, la condición que me traía felicidad puede ahora traerme infelicidad. O puede desaparecer y hacerme sufrir. La prosperidad de las gentes hoy pueden ser el consumismo vacío y triste del mañana. Apegarnos a una condición -sea algo material, o nuestra mismísima juventud- va a traer sufrimiento. Según el budismo y mi Vipassana personal, la felicidad es ‘dukkha’ (sufrimiento), y son inseparables. Felicidad e infelicidad son una misma cosa. Sólo la ilusión del tiempo las separa en mí gráfica sinusoidal, seno(x).

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Alfonso?

Buscando el silencio perfecto

19 Oct 2014, la puna

En la colección de sonidos encuentro gran regocijo (ya se sabe). Pero dentro de este trabajo siempre he estado buscando el silencio perfecto. Cuando hablo aquí de silencio no es el silencio tal como lo imaginamos, pues ese silencio no existe.

Una vez reproduje uno de mis silencios para un amigo, y éste me preguntó que qué era aquello, con decepción. También podría crear un archivo de audio en blanco y nombrarlo silencio.wav, pero, ¿qué sentido tendría?

No, el silencio del que hablo aquí es el silencio que hay debajo de los sonidos: el silencio permite al sonido ser.

Ahí sí, el oyente empieza a mostrar interés. El silencio entre los ladridos de un perro, o el que hay cuando un coche se aleja en la carretera. Lo que quiero decir es que el silencio como tal no existe, o no es nadie sin los sonidos.

Esto añade cierta gracia a la grabación de sonidos, pues el silencio subyacente tiene tamaña importancia. Si buscan el silencio ahora mismo, se darán cuenta de que no está. Hay un coche, un reloj, un vecino o su propio corazón bombeando sangre que hincha las venas de sus tímpanos y suenan en su cabeza -evidentemente todo depende del nivel de sensibilidad de cada uno-. Estaría bien hacer un disco de silencios con el nombre de este post, y seguiría siendo un disco de sonidos.

Lo curioso es que si nos topásemos alguna vez con el silencio tal y como pensamos que es, nos caeríamos de culo, tal vez aterrados por su extrañeza. No es fácil imaginar nuestra realidad física sin el fenómeno físico del sonido, con todo lo maravilloso que es. Imaginar que el aire elástico no fuese conductor, y todo fuese mudo.

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Pues creo que hay una excepción al silencio virtual que describo. Lo curioso es que ése silencio total, aún no perceptible para nosotros en la dimensión física, está y existe, así como existía antes (digo yo) de este planeta. Y ése silencio está a la vez dentro de nosotros en forma de paz, a veces podemos identificarlo en la noche cuando un perro se calla y el sueño nos invade. Otras veces se distingue como ese silencio remanente y eterno del que surgen los sonidos y al que los sonidos vuelven. Es una parte intrínseca no manifestada de todo sonido, ladrido, canto o palabras humanas.

El silencio (ése) es parte de nuestra esencia, nuestra paz y nuestro Ahora, de nuestro Ser. Cuando prestamos atención a este silencio, entre las palabras mismo, nuestra paz crece; estando en contacto con esta calma meditamos y trascendemos.

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Ayer me pareció oírlo cuando bajaba de una colina de las montañas. Se paró el viento y no había nada…

Ojo a este silencio, pues es un arma importante en el a veces arduo -o quizás ruidoso- camino de nuestra vida.